Vivimos para replicar la impronta de lo vivido

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Nos pasamos la vida intentando replicar aquello que tanto nos gustó la primera vez. El primer amor, la primera vez que tomamos drogas, nuestra primera eyaculación, la sensación de conducir nuestro primer coche, nuestro primer éxito laboral… nuestro primer “lo que sea”… Hasta convertirnos en máquinas de consumo que pierden el norte. Cuando hacemos algo…

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La Sociedad de lo Efímero

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Bienvenidos a la nueva Sociedad de lo Efímero. La nueva sociedad en la que hemos perdido nuestras propiedades, hemos distorsionado nuestra esencia social y hemos olvidado lo que es realmente real. La gente ya no posee, sólo usa. Se ha perdido el sentido de la propiedad, el valor de lo tangible, la belleza del objeto.…

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Descenso a nuestro interior

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Cuando una persona sufre, siente angustia, desazón, inquietud, intranquilidad… Es en esos momentos en que una persona lo pasa mal, con toda esa sensación de intranquilidad, cuando se detiene a analizar cómo se siente, el porqué, el origen, cómo acabar con esa situación confusa y opresiva. Mientras estamos tranquilos y somos felices, no nos paramos a pensar en el hecho de que nos sentimos bien, simplemente disfrutamos. Cuando todo va sobre ruedas y no existe ningún problema, sencillamente vivimos cada momento sin meditar sobre nada. Esto quiere decir que sólo las personas que de verdad sufren, sienten dolor y padecen, son las que realizan un máster en el estudio y conocimiento de sus propios sentimientos. En el sufrimiento se templan las personas. Cuando tenemos un problema o nos sentimos mal, siempre tendemos a hablar de ello, necesitamos buscar a otra persona para contarle lo que nos ha pasado, para desahogarnos y también para que alguien nos ayude o nos dé una explicación. Es mediante la búsqueda de esa explicación o mediante esa necesidad de desahogo, cuando aprendemos a analizar nuestras sensaciones y sentimientos y, por tanto, aprendemos más sobre nosotros mismos.  La soledad en los momentos de dolor es aterradora y devastadora. Pero necesaria para madurar. Cuando una persona sufre y además se siente sola, es cuando comienza verdaderamente a madurar por dentro. La soledad y el silencio van cogidos de la mano, son sinónimos, son dos facetas de la misma cosa, dos espinas del mismo tallo, dos filos de la misma espada. El silencio, la supresión de ruidos y sonidos, de palabras y de música, ese aislamiento auditivo de todo el mundo que nos rodea, nos permite atender a lo que normalmente no solemos escuchar o a lo que normalmente no le prestamos mucha atención: nuestros propios pensamientos. Porque los pensamientos también suenan. Hay veces en las que queremos huir de nuestra propia mente, de lo que pensamos. El silencio nos abre el camino para que lleguemos hasta nuestro interior. Si al silencio se le acompaña con una situación de soledad, entonces es cuando estamos desnudos ante nosotros mismos, no podemos huir más. Nos enfrentamos entonces a nuestro propio yo superior; ese ser que habita dentro de nosotros por encima de nuestra conciencia así como por debajo, y que muchas veces nos aterra. Ese gran desconocido que existe detrás de nuestra psique y nuestra personalidad es una criatura que mueve los hilos de nuestra mente y de nuestros actos, es lo que está por encima de todo nuestro ser, casi como si fuera otro ente. La mayoría de las veces no nos gusta tener que llegar al mismo estrato donde se encuentra ese otro yo nuestro, tan poderoso que ni siquiera podemos comprender; pero que tampoco podemos ignorar, puesto que está ahí siempre. Cuando te devanas los sesos intentando localizar el origen de tu malestar, por qué eres tan desdichado o por qué te ocurren a ti cosas tan nefastas, es cuando comienzas a aprender sobre ti mismo. Sucumbes ante el dolor, te despojas de toda lo superfluo, todo lo que sobra y todo lo prescindible. Una situación que no puedes eliminar ni controlar, y entonces percibes lo pequeño, frágil y débil que eres en toda la inmensidad del universo.  Cuando alcanzas a ver que no eres más que un átomo en una mota de polvo dando vueltas por millones de nubes de polvo en toda una inmensidad de partículas en el cosmos infinito, es cuando aprendes a perderle el respeto a todo, a reírte del mundo, de ti mismo. No somos nadie. Sufrimiento, desdicha, perspectiva, lejanía de uno mismo y, paradójicamente, enfrentamiento a lo más profundo e inaccesible de nuestro interior. Es como si todo el espacio-tiempo se deformara y se plegara para unir dos puntos muy distantes de la galaxia en un lugar y momento únicos: el infinito y tu mundo interior. Los físicos dicen que el tiempo es algo muy complejo y que quizá nunca lleguemos a comprender ni mucho menos a dominar. Los biólogos se maravillan ante la increíble inteligencia en la naturaleza. Los médicos admiran la complejidad del cuerpo humano. Pero yo me detengo a atisbar, con recelo y precaución, los sentimientos propios y ajenos. Eso es algo tan extraño y lejano para nuestra inteligencia como el propio cosmos: un descenso a nuestro interior, una ojeada al firmamento. Aïssa López 28 de Mayo de 2014

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La cultura no tiene nada que decir

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La lista de las 100 personas más influyentes del mundo en 2014, según la revista norteamericana TIME -la famosa lista TIME 100-, comienza con la cantante Beyoncé; en el puesto número 2 está Pony Ma, el emprendedor de Internet chino; le sigue, en el puesto número tres, la politica Janet Yellen; en el puesto número 4 encontramos a Tony Fadell, el famoso ingeniero de domótica, uno de los padres del iPod y fundador del termostato Nest; para el número cinco tenemos a la princesa Sheikha al-Mayassa, una coleccionista e impulsora de arte. Podría continuar así hasta el final de la lista; entre otros también podéis encontrar a deportistas como Cristiano Ronaldo. Pero lo sorprendente, triste y por desgracia real, es que no aparecen poetas, dramaturgos o ensayistas. Los que verdaderamente representan, evolucionan y crean la cultura, que son los escritores, los pensadores, y los poetas, no son personas influyentes. Esto quiere decir que a nadie le importa un comino lo que este tipo de personas tengan que decir; en cambio un futbolista como Cristiano Ronaldo, sí que tiene mucho que transmitir y enseñar a la población. La lista, además, está plagada de políticos. Éstos, precisamente, deberían ser los menos influyentes del mundo. ¿Qué tienen estos engendros auto fabricados, asquerosos y tóxicos, que trasladarnos, aparte de enfermedades? Yo siempre digo, que no existen hijos de puta, sino puteados. Es decir, que si nos putean, es porque nosotros nos dejamos… Si la sociedad en general no fuera tan vaga, comodona e ignorante, seríamos seguidores de gente que sostiene un cerebro con dignidad e inteligencia sobre sus hombros, y no una cara bonita, una voz hermosa o unas piernas musculadas, entre otros como empresarios multimillonarios o políticos de clase alta, ricos y despreciables. Viendo esta lista, no me queda ningún hálito de esperanza para esta sociedad agonizante que se dirige, ella solita, despacio pero sin pausa, hasta el borde de un precipicio. Una sociedad de plástico, que anhela ser dirigida y gobernada por criaturas de intelecto atrofiado, en el mejor de los casos, o por corruptos y corruptores títeres del diablo en el peor de los casos. ¿Dónde están los genios? ¿Por qué abandonáis en la sombra y en la lejanía a aquellos que han creado el camino, a quienes os regalan las palabras afiladas, la sabiduría refinada y la fuerza hercúlea para luchar contra el contaminado y enfermizo sistema que, cuál tela de araña os captura y os hace victimas, para devoraros lentamente? ¿Por qué no veis que quienes liberan vuestras mentes e impulsan vuestros espíritus son vuestros verdaderos aliados, y son ellos los que deberían influenciar y conducir el mundo en beneficio de todos? Me dais pena, triste y descerebrado rebaño de borregos, ¡cómo os dejáis manipular por el maligno! Cuando caigáis todos en masa por el borde de ese precipicio abismal que os engullirá y os destrozará, paulatina y dolorosamente, todos habréis obtenido vuestro merecido. Lo que ahora, tan ciega e incultamente, idolatráis… Y yo, no sentiré entonces ningún tipo de pesar. Una vez más, ¡enhorabuena, Pueblo! ¡Lo habéis vuelto a conseguir! Aïssa López 26 de Mayo de 2014

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