La Sociedad de lo Efímero

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Bienvenidos a la nueva Sociedad de lo Efímero. La nueva sociedad en la que hemos perdido nuestras propiedades, hemos distorsionado nuestra esencia social y hemos olvidado lo que es realmente real.

La gente ya no posee, sólo usa. Se ha perdido el sentido de la propiedad, el valor de lo tangible, la belleza del objeto. En un mundo donde todo es virtual, la música, los libros, el cine, el arte, los viajes, el sexo y las relaciones sociales, la gente ya no desea ser propietaria de sus artículos, sólo desea consumir, a un ritmo vertiginoso, cosas nuevas, continuamente, con frenesí. No hay concepto de herencia, porque no hay nada que se pueda plasmar en un testamento, no hay nada que transmitir a nuestros congéneres, porque ya no poseemos nada. Porque ya no hay productos, sino servicios. Grandes empresas que nos brindan servicios de suministro de contenidos: libros, música, arte, cine, viajes, amistad, sexo y todo tipo de experiencias, hasta la comida, pasan a ser contenidos de un modelo de subscripción de por vida. Usas mientras pagas. Dejas de pagar, y dejas de usar. Pero en cualquier caso, jamás tienes nada. Tu ocio, tu cultura, tus amigos, toda tu vida, es un alquiler. Es la sociedad de lo efímero, en la que ya nada tiene valor, nada cuesta nada, puedes tener acceso a todo pero en realidad no tienes nada.

Pero no culpemos de esto a las grandes corporaciones. En el fondo, las multinacionales se han adaptado a nosotros, a nuestra naturaleza humana minada por una necesidad casi enfermiza por disfrutar sin interrupción de cosas nuevas, más y más, más y mejor, más y más espectacular, más y más intenso, más y… Presas de un marketing enloquecido que nos lava el cerebro con eslóganes cada vez más radicales y más hiperbólicos. Las empresas no nos han moldeado, ellas han comprendido lo que nosotros demandábamos y se han adaptado a los nuevos tiempos.

La sociedad de lo efímero nos libera de la necesidad de almacenar. Se independiza del espacio físico. Ya no necesitamos estanterías en casa plagadas de libros ni DVDs, porque todo está en la nube (Cloud, Internet). Ya no pensamos en comprar un sofá más grande para nuestro salón, porque nuestros amigos no vienen a casa, nos reunimos en las redes sociales, compartimos nuestras fotos, videos y pensamientos en Facebook y Twitter, charlamos a través de WhatsApp. Ya no destinamos una habitación de nuestro piso a colocar un ordenador con una impresora, porque el ordenador lo llevamos encima, es nuestro teléfono móvil y nuestra tableta táctil, y ya no necesitamos imprimir nada, porque todos los documentos son digitales. Ya no tenemos cajones abarrotados de facturas y contratos, porque todo está en nuestro email. Ya no necesitamos una mesita con un teléfono fijo conectado al cable, porque ya sólo utilizamos nuestro teléfono móvil. Ya no quedamos con nuestros amigos para jugar a las cartas o a la Play, porque los juegos están inducidos en nuestro cerebro mediante dispositivos neuronales que nos sumergen dentro de la acción, sin tener que levantar el trasero de nuestra silla, y haciéndonos babear en un mundo de fantasía. Ya no necesitamos una pared enorme para colocar un televisor de 70 pulgadas, porque el cine lo disfrutamos en unas reducidas gafas de realidad virtual donde vemos una imagen de 360 grados que nos envuelve por completo. Ya no necesitamos desplazarnos para conocer lugares nuevos, porque los viajes a cualquier parte del mundo los hacemos mediante realidad aumentada, sin movernos de casa. Ya no necesitamos una despensa porque no almacenamos comida: estamos subscriptos a una empresa que nos envía a casa unas bolsitas de comida en polvo con todos los nutrientes que necesita el cuerpo, lista para consumir 3 veces al día, si tener que cocinar, ni ensuciar cubiertos ni utensilios, sin tener que perder tiempo. Y el sustento de todo es la gran red de redes: Internet. Porque en esta nueva era de la “nube” comenzamos a dejar de ser personas para ser simplemente cuerpos conectados a esa nube, máquinas biológicas que devoran contenidos a destajo, las veinticuatro horas del día.

Esta es la sociedad que queríamos, la de “lo tengo todo y nada tiene valor”, la sociedad sin fronteras, sin límites, sin misterios y sin fin. La maquiavélica sociedad computerizada, medida, controlada, desproporcionada dentro de sus proporciones, regulada y dirigida por unos pocos. La fría sociedad del marketing y la tecnología. Pero, ¿realmente somos conscientes de que nuestras vidas están subscritas a un proveedor de contenidos? ¿Somos conscientes de que estamos conectados a un mundo diseñado por nosotros mismos, a nuestra imagen y semejanza? ¿Somos conscientes del lento pero imperturbable abandono al que nos estamos sometiendo, lontananza de la auténtica realidad? ¿Acaso, en nuestra soberbia inventiva y complejo megalómano, sabemos el daño y los efectos secundarios que, en las próximas generaciones de seres humanos, tendrán estas nuevas decisiones vitales que ahora tomamos y que nos parecen tan cool?

La sociedad de lo efímero es el espejo de nuestra arrogancia y nuestro egoísmo; un espejo convertido en puerta, cerrada a cal y canto, detrás de la cuál se halla el abismo, negro e inquietante, que sabemos que es lo verdaderamente real, y al cuál tememos, porque nuestra cobardía ha crecido tanto como nuestra inteligencia estructural y tecnológica. Un abismo que sabemos que está ahí, pero al cuál no queremos asomarnos nunca para que el abismo tampoco mire dentro de nosotros. Y lo paradójico es que mientras seguimos contemplando nuestro maravilloso e irreal mundo narcisista en el espejo, ignorando ex profeso la realidad que hay tras él, estamos cayendo cada vez más hondo en las profundidades de ese mismo abismo perverso, que nos engulle y que devora nuestra alma ¿humana?, convirtiéndose así en el monstruoso y lúgubre almacén donde se guarda y se oculta toda la mediocridad del ser humano, pero que, al menos, es más auténtico que nuestro propio y sofisticado espejismo tecnológico. Esta es la nueva ¿sociedad?. La Sociedad de lo Efímero. Y nosotros la hemos creado. Ahora, sintámonos orgullosos de nuestra obra.

Aïssa López

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Lifes on live!

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Lifes on live!

La informática tal y como la conocemos hoy está en su edad más madura y cerrando una generación que comenzó en los años 80 y que ha ido alcanzando un nivel de perfeccionamiento absoluto en un crecimiento exponencial vertiginoso.
La nueva generación a la que la vieja deja paso, y que en estos momentos está en sus inicios, en fase experimental, en la Edad de Piedra de la nueva Era, expandirá los conceptos informáticos a todos los ámbitos de la vida cotidiana. El mundo que nos rodea se fusionará en una plataforma común que albergará todas las necesidades de trabajo y personales de ocio. Será entonces el auténtico boom de eso que ahora nos venden como la vida digital y que en la actualidad no es más que un conglomerado de aparatos personales, programas, ordenadores y sistemas totalmente distintos e incompatibles. Este caos derivará en un punto equidistante a todas las propuestas y donde la fórmula consista en la compatibilidad.

Para llevar a cabo un proyeto de tal envergadura, es necesario implantar un protocolo que alterará la concepción de Ordenador Personal que se divulga hoy en día. Cualquier elemento electrónico del hogar podrá considerarse un ordenador personal, por lo que cualquiera de esos dispositivos tendrán una parte inherente a la gran red y una función complementaria de ordenador personal. Cualquier electrodoméstico estará equipado con una interfaz que hará posible la comunicación entre los demás equipos, siempre sustentado todo por la red Internet. Es por tanto fundamental el desarrollo e implantación de ese lenguaje universal que unificará todos los demás lenguajes y todas las peticiones y necesidades.

Llegados a este punto, la clave en el futuro del uso de lo que hoy se conoce como ordenador personal no será el sistema operativo, sino el Navegador de Internet, es decir, el Browser, que abandonará este término para expandirse más allá y convertirse en la completa interfaz de arranque y trabajo del usuario. Las máquinas iniciarán la sesión directamente dentro de una sofisticada interfaz operativa que inmediatamente hará uso de Internet y de los programas a los que estemos subscritos para funcionar. Todo lo que ahora se establece a nivel local se extrapolará a un estrato superior y se gestionará vía Internet. Nuestros periféricos, la configuración del sistema y la personalización de la interfaz serán reconocidos y programados desde un sistema de lado servidor. Esto nos asegurará estar usando en todo momento la última versión de cada software, en una permanente actualización automática. Un teléfono móvil se equipará con una interfaz para acceder a nuestra sesión en el sistema operativo basado en Internet, al igual que lo haría un frigorífico o el centro multimedia instalado en el salón. El sistema operativo basado en Internet será omnipresente y accesible por todos los formatos electrónicos. La información estará online en todo momento y disponible para el usuario desde cualquier lugar en la forma, operatividad y apariencia que el usuario tenga preestablecidos. En ese instante, pues, desaparecerá el medio actual que requiere tener instalado fisicamente un S.O. o un programa en el disco duro de nuestro equipo. Nuestros datos estarán “On the Air” y protegidos de la forma más segura posible.

Conseguir una plataforma de absoluta compatibilidad para todos los dispositivos electrónicos y programas de control significaría paliar con graves problemas que se han forjado actualmente, entre ellos, la piratería.

La piratería en todas sus facetas aplicativas es un grave problema para la industria en general. En el sector del software, la implantación de esta plataforma eliminaría teóricamente la posibilidad de crackear desde el momento en que el software deje de ser tangible, deje de distribuirse mediante paquetes instalables o en cajas con Cds. Desde el momento en que los sitemas operativos complejos basados en Internet estén maduros y sean 100% útiles, el software dejará de distribuirse y la única manera de usarlo será vía Internet mediante subscripciones. El concepto de subscripción será, por tanto, la base económica de los empresas junto con los ingresos obtenidos mediante la publicidad, que irán en incremento y se regularán mediante programas de adhesión y publicación de anuncios cada vez más rápidos, efectivos y completos. La piratería queda anulada puesto que desde ese momento no es necesario ejecutar un programa instalador que grabe archivos y drivers en nuestro disco duro y que posteriormente habría que crakear para usar infinita y gratuitamente. Con sólo subscribirnos, instantáneamente comenzaremos a usar ese software vía online, y los podremos seguir usando mientras paguemos las cuotas. Y al igual que cualquier programa de uso personal, también la música será accesible mediante subscripciones y los videos o peliculas. Nunca “poseeremos” nada, solamente existirá el concepto de alquiler. Por lo tanto, no se puede piratear aquello que no se puede poseer.

Aïssa López
02 de Agosto de 2001

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