La inteligencia es una cuestión de actitud

La inteligencia es una cuestión de actitud - Aissa Lopez
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¿Qué es la inteligencia? ¿Es inteligente quién más cultura aglutina? ¿Es inteligente quien tiene la actitud más óptima para cada situación? ¿Óptima en base a qué? ¿A sus propios intereses personales o a los intereses del grupo?

Comencemos aclarando algo para poder centrarnos en lo verdaderamente importante: la inteligencia no puede ser representada en un grado técnico ni es el resultado de una medición científica; no es una nota de examen ni un conjunto de títulos académicos. Todo eso es lo que nos han vendido durante años y la forma que la ciencia y el mundo en general tiene de catalogar y clasificar a las personas que poseen mayor concentración de ese algo inexplicable, enigmático e incontrolable que es la inteligencia.

La inteligencia no se puede medir con tests de CI o con aplicaciones de entrenamiento cerebral. Porque no se puede explicar con palabras. No puede ser transmitida ni enseñada. No puede ser reproducida ni plagiada. Es algo puro, misterioso, sagrado, individual y único que no se manifiesta en todas las personas. Es algo tan extraño y complejo que puede aparecer sorpresivamente, y desaparecer. No se posee siempre ni para siempre. A veces hace actos de presencia más continuos, y a veces se niega a dar la cara. Y quienes aprenden a domarla, como se amansa a una fiera, consiguen retenerla durante mucho tiempo, o por lapsos intermitentes más frecuentes. Incluso este ejercicio de adiestramiento de la inteligencia requiere que el individuo sea más inteligente que otros. Porque todo el mundo no es igual de inteligente. Los hay más listos y más torpes. Los hay tan cobardemente tontos que ven venir de lejos el destello de la inteligencia y ni siquiera hacen nada para aprovecharla o retenerla. Probablemente esos sean los torpes pesimistas.

Tampoco confundamos la inteligencia con la cultura. ¿Quién escribe libros interesantes? ¿El inteligente o el culto? ¿O ambas cosas? ¿Quizás pensemos que escribe libros quien más cultura tiene? ¿Acaso escribir es una cuestión de cultura?

Escribir una novela de ciencia ficción o de fantasía o de terror es una cuestión meramente creativa. Escribir una novela en un marco histórico o político, o un suceso basados en hechos reales sobre secuestro de un personaje, es una cuestión de cultura y talento narrativo. Escribir un ensayo, en cualquier campo, es una demostración pura de inteligencia. Y puede escribir un ensayo cualquiera aunque no tenga esa cultura. Pero aun así, ninguno de los libros de los ejemplos anteriores expuestos, destacaría sobre el resto ni captaría la atención de la crítica, si no hubieran sido conducidos y plasmados de una forma inteligente. Esto origina sentimientos enfermizos en muchas personas, y por eso hay quienes confunden deliberadamente, por envidia. No soportan la mayor demostración de inteligencia en el otro y entonces dicen “que sea muy culto no quiere decir que sea inteligente”. Es una confusión malvada, dañina, tóxica, para sepultar el mayor nivel de inteligencia de la otra persona.

He viajado mucho a Marruecos, durante muchos años, integrándome con familias tradicionales en hogares, a veces, extremadamente humildes. Y en esos lugares he conocido a gente muy inculta, sin formación alguna, y sin embargo, con una increíble y extraordinaria inteligencia, mucho más de la que encuentro en muchos de mis amigos más formados y cultos. Es cuando más percibes el peligro y el daño de las confusiones. No confundamos.

Ahora que sabemos lo que no es la inteligencia, entonces… ¿qué es?

La inteligencia es una cuestión de actitud. Y actitud es una cuestión de sensibilidad. Ser inteligente te lleva a ser más sensible, y tener mayor sensibilidad te lleva a comprender mejor cada situación y cada estado para gestionarlos mejor. La inteligencia hiperestesia la sensibilidad —valga la redundancia— y hace uso de ella para captar una mayor cantidad de datos con los que jugar. La inteligencia es un increíble estado de auto-consciencia. Es ser extremadamente conscientes no sólo de nosotros mismos, sino de una situación y de las posibilidades de ésta. En resumen: ser inteligente es la combinación de tener una consciencia —no confundamos con conciencia— muy desarrollada y una sensibilidad llevada al extremo.

Especificar, aclarar, ver con nitidez, escribir con los ojos cerrados. Es una cuestión de claridad interior. Cuando sabes lo que haces, lo que quieres decir aunque ni tú mismo lo entiendas a veces, aparece una convicción lúcida y absoluta en el centro de tu mente que te hace transmitirlo sin mirar y sin hablar. Lo visualizas en tu interior y lo proyectas con tu actitud. La inteligencia se manifiesta entonces con independencia del sujeto, de la edad, de la cultura, de la raza y la nacionalidad; con independencia de todo. Es como el numen de un artista: es un golpe de inspiración. La  inteligencia es algo que surge, que impera en el individuo y se pronuncia, lo conduce y lo hace ser de una forma determinada. Ser inteligente es cuestionarlo todo, enfocarlo desde tu propio prisma tallado con tu actitud. Es ser autodidacta, a pesar de lo mucho que hayas podido aprender o leer. Es ser tu propio profesor particular al que le exiges más que a ningún otro.

En definitiva, la inteligencia es cómo actúes en la vida, cómo te comportes en cada situación y ante cada problema. No es el qué, sino el cómo: cómo lo resolviste, cómo lo hiciste, cómo te comportaste, cómo te expresaste, cómo sentiste, cómo amaste o cómo diseñaste. Cómo. Cómo. Cómo.

Es un instante de clarividencia que te inunda y te gobierna. Es una realidad para ti solo que no puede ser compartida. Es un padecimiento individual. Porque ser muy inteligente en una sociedad donde abunda la estulticia se ha convertido en una desgracia, y, como todo infortunio, produce dolor. Y en el mundo civilizado, eso que llaman el primer mundo, abunda esa cochambre del pensamiento ajena a toda actitud mínimamente inteligente.

 

Aïssa López
26 de Enero de 2016

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¿Quién es creativo?

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Es creativo aquél que lleva a cabo la creación.

Sin ejecución práctica y real de la obra no existe el acto en sí de la creación, por lo que no se es creador sin parir el concepto, al igual que no se es madre hasta que no nace el hijo desde las entrañas.

La idea, sin ejecución, no sirve de nada; simplemente no existe.

De este modo, cualquier persona puede llegar a crear algo, simplemente ejecutando y transformando en cosa perceptible su idea.

Sin ejecución no hay creación.

Lo que diferencia a los creativos de los consumidores es la conciencia; la capacidad de reconocer cuándo te encuentras ante una idea que puede ser llevada a cabo o transformada en “algo”: algo tangible, algo perceptible de cualquier forma imaginable.

No se es más creativo por pensar más o por tener más ideas. Es más creativo aquél que “crea” cosas, incluso aunque no las haya pensado.

Transformar un pensamiento en una obra es un acto de conciencia. De darse cuenta de que se está ante algo que puede ser moldeado para ser transformado en un producto, en un servicio o en una obra artística de cualquier tipo, o para ser consumido.

Piensa y existirás; realiza y serás.

Aïssa López
21 de Febrero de 2015

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La poesía se ha extinguido

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Cada vez se lee menos poesía, se escribe menos poesía, y se habla menos de poesía. Sin embargo, y paradójicamente, la poesía es la síntesis de todo, la poesía es la base de toda creación. Todos los artistas beben de la poesía para culminar su inspiración. La poesía da ritmo a nuestras vidas, nos enseña a comprender y comunicarnos, nos guía en nuestra infancia, nos enamora en nuestra adolescencia y nos hace madurar como adultos.

La poesía no es un capricho, la poesía no es algo pasado de moda, la poesía no es cosa de niños, ni de poetas. La poesía es nuestra mayor mentora durante todo el ciclo de nuestras vidas. Quienes nunca abandonan la poesía, quienes continúan deleitándose entre los versos de los grandes poemas, esos tendrán enriquecidas sus vidas sin saberlo, tendrán más facilidad para comprender al otro, desarrollarán la empatía, mantendrán la sensibilidad para apreciar cuanto les rodea, y podrán contemplar el mundo con un prisma vitaminado con muchos más matices cromáticos, porque conservarán la juventud en su corazón y el amor en su alma.

La poesía es esencial para todo creativo; ningún artista que no lea poesía puede decir que es un artista. Y todo ser creativo, cuando está creando, está componiendo un poema. Todo artista nato, independientemente de la materia en la que se exprese, ya sea pintor, escultor, músico, escritor, o director de cine, es un poeta. Todo artista auténtico, cuando expresa su arte, está creando un poema.

La poesía debería ser a día de hoy, el bien más preciado de la humanidad, lo más importante en la rutina diaria de todas las personas. Todos los profesionales necesitan poesía en sus trabajos, todas las personas necesitan poesía en sus vidas cotidianas. Sin poesía no hay ritmo ni color.

Sin embargo, cada vez se habla menos de poesía, se lee menos poesía y se escribe menos poesía. Es lamentable, es triste, pero la poesía se ha extinguido. Y a medida que desaparece, a medida que la poesía se ausenta de nuestras vidas, el ser humano se vuelve un poco menos humano y bastante más frío, más distante, menos emocional y menos interesante. El estrés, Internet, los teléfonos móviles, la velocidad en todo, la superficialidad que inunda y mina todos los aspectos de nuestras mentes… el mundo ha cambiado. En este nuevo universo, donde todo es compartido, donde todo el mundo está conectado, donde todo se sabe y no existen secretos y parece que todo es de todos, donde no hay lugar para los prólogos, ni para los misterios, en este nuevo mundo en el que la magia ya no tiene cabida, la poesía, como no podía ser de otra forma, ha agonizado. ¡Es el momento de que nos sintamos orgullosos, levantemos la cabeza bien alta, por ser los artífices de la destrucción masiva de aquello que le daba vida a nuestras vidas!. Nosotros hemos arrojado la piedra sobre nuestro propio tejado: somos enemigos de nosotros mismos, como dijera Thomas Hobbes: homo homini lupus. Y ahora, sonriamos felices… ya lo hemos conseguido: Somos más inteligentes, más avanzados y más cool. Bienvenidos a la nueva era.


Aïssa López

22 de mayo de 2014

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El gobierno del Miedo

El gobierno del miedo - aissa lopez
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En realidad estamos llenos, rebosantes, saturados, obstruidos… de miedo.

Tenemos más miedo corriendo por nuestro cuerpo que litros de agua en el mismo.

Es el miedo lo que nos reduce el horizonte, lo que estrecha nuestra mente, lo que nos vuelve locos… de pánico.

Es el miedo lo que nos atrapa en una realidad podrida construida a medida por políticos corruptos y soberanías edificadas en la ignorancia del pueblo.

Sal del sistema, libérate, libera tu mente. Consíguelo simplemente recordando; debes hacer el tremendo esfuerzo de viajar hacia atrás en el tiempo hasta tu infancia, cuando tu mente, virgen, aún no estaba infectada por los prejuicios, normas, amenazas y coacciones de una sociedad intoxicada y deshumanizada.

Desata tu imaginación, viaja fuera de ti mismo, de tu cuerpo, de tu estado de psicosis, lucha contra el sistema, rebélate. Míralos desde arriba, no desde abajo. Grítales. Sacúdete el miedo del cuerpo. Ríete de ellos. Nada puede detenerte. Nada puede callar tu voz. Nada puede oprimir tus pensamientos.

No existen los límites. Sólo tú decides. Hazlo. Comienza ahora. Y cuando empieces, no pares nunca. Y serán ellos, los que ahora creen tener el poder, quienes sentirán el Miedo.

Aïssa López
10 de Abril de 2014

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