¿Qué es la excelencia en diseño?

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La excelencia es un grado de perfeccionamiento. La excelencia como cualquier otra cosa también es relativa a algo. No existe la excelencia como algo común a todo y a todos; no se trata de un cenit o un punto culminante que debemos alcanzar y que prevalece equidistante de cualquier proyecto, tarea o propósito. Porque la excelencia no es algo predefinido y con unos valores universales a los que reverenciar. No es la misma montaña que todos vemos y que todos queremos escalar.

A la excelencia hay que medirla con cada resultado, analizarla y sentenciarla con respecto a lo que has hecho, con respecto a esa obra en concreto. La ecuación para evaluar si se ha alcanzado estará formulada por la estética, el funcionamiento y el contexto del diseño.

¿Cómo mediremos el alcance de la excelencia en el diseño? En primer lugar debemos analizar la estética, y, en segundo lugar, debemos analizar el funcionamiento. Obtendremos así la suma de ambas, que sería el equilibrio entre belleza y eficacia, es decir, funcionamiento final del diseño. En tercer lugar, valoraremos este equilibrio dentro del “contexto”:  La belleza proviene del arte; la eficacia depende del plan de comunicación y de las directrices de marketing, y es puro diseño al servicio de un propósito comercial. Alcanzar la excelencia en diseño es conseguir la máxima nota en estos dos pilares, en base a un contexto.

El contexto es lo que determina el punto de referencia, es decir, el contexto es la variable maldita que deberemos tener en cuenta para finalizar nuestro juicio de la excelencia. El contexto es el terreno, parcela o lugar donde descansan los dos citados pilares. Porque estética y comunicación están, como en cualquier trabajo de diseño, supeditados a los medios que nos hayan proporcionado, al tiempo facilitado para su desarrollo y a la expectativa generada por el cliente que nos ha encargado dicho trabajo. Todo ello junto, es decir, medios, tiempo de entrega y expectativa, conforman el “contexto”.

De esta forma, no hay una regla fundamental ni global para medir sistemáticamente si un diseño ha alcanzado el grado de excelencia. Sólo puede ser evaluado con respecto a su “contexto”.

De esta forma, “mejor” o “peor” depende de ese “contexto”.

De esta forma, una vez más, se constata que todo es “relativo” a algo.

 

Aïssa López.

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Episodio #3 de P300 Podcast. La búsqueda de la excelencia

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Fiel a mi compromiso de publicación semanal, y tal y como está programado en Spreaker, acabo de lanzar el nuevo episodio de P300.

Este episodio está centrado en la búsqueda de la excelencia que todo buen profesional realiza en su carrera pero, especialmente, de las mentes creativas.

En esta ocasión no hay sección de Noticias Inéditas, y en su lugar recito el relato lírico “Falso Rostro” que escribí en 1996, que simboliza y sintetiza la búsqueda creativa.

En App Lover recomiendo la aplicación MindNode Pro, esencial para realizar árboles mentales y, como colofón final, reflexiono sobre una lección de liderazgo de Steve Jobs para alcanzar la excelencia: la concentración.

Como siempre podéis enviar vuestros comentarios y opiniones a www.aissalopez.com, twitter @aissalp o por correo electrónico: aissalopez@gmail.com

Gracias por escuchar P300.

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La motivación del diseñador

La motivacion del diseñador - aissa lopez
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Normalmente los diseñadores contratados por cuenta ajena, trabajadores de una empresa, suelen desempeñar su labor creativa bajo una motivación extrínseca. Esa motivación viene fundamentada por el fin económico. Es decir, es una conducta enfocada no a la tarea en si misma, sino a un objetivo asociado a la ejecución de esa tarea: ganar el sueldo a fin de mes. Pero, ¿es esta una actitud correcta o aconsejable para el profesional creativo?

El diseño es una profesión muy delicada, no hablamos de poner ladrillos ni hablamos de pintar paredes ni hablamos de servir naranjas en una frutería. El diseñador es un manipulador de emociones, el diseñador es un psicólogo al servicio de la comunicación y del marketing. El diseñador debe acercarse al arte para conseguir la esencia del artista y poder así crear un producto cuyo fin es vender. Para conseguir realizar buenos y grandes diseños, el diseñador debe encontrarse en un estado de inspiración, de excitación creativa. Sólo se puede alcanzar la inspiración si se está motivado intrínsecamente.

Es más fácil para un diseñador alcanzar esa inspiración si está trabajando de forma autónoma, es decir, como un Freelance. Cuando el diseñador está contratado por cuenta ajena, se distorsiona completamente su visión del trabajo, y ésta pasa a estar influenciada únicamente por el dinero. Los jefes de las empresas y agencias de comunicación y publicidad, no suelen ayudar mucho a cambiar esa motivación. Desde el punto de vista del empresario, intentar motivar mejor al empleado mediante incentivos económicos es un error. Porque el fin último del diseñador no debe ser solamente ganar dinero, no debe realizar sus productos pensando en cuánto va a cobrar. Eso es una motivación extrínseca, y ya he dicho que el éxito del diseñador viene cuando consigue realizar productos por motivación intrínseca.

Esa es la razón de que existan tantos diseños mediocres y productos mal diseñados. No forzosamente quiere decir que existan muy malos diseñadores, en gran medida estoy seguro de que esos resultados de baja calidad vienen dados por una mala motivación o un enfoque incorrecto de los objetivos.

Todo esto no quiere decir que la motivación extrínseca sea negativa o que haya que evitarla siempre. Pero precisamente en el sector del diseño no es la más apropiada de las motivaciones.

Si trabajas como diseñador contratado por cuenta ajena, es muy difícil a veces y dependiendo de tu jefe o de la empresa en la que estés, conseguir trabajar poniendo amor e interés personal en cada proyecto. Muchos jefes de proyecto o muchos directores creativos a veces son malos gestores y terminan rompiendo la ilusión del diseñador. Un diseñador sin entusiasmo es un mono apretando teclas en el ordenador.

Si detectas que estás en un entorno laboral gobernado por personas tóxicas o que tienen un comportamiento tóxico hacia tu trabajo, o que simplemente están impidiendo que puedas tomar una actitud autodeterminada para motivarte intrínsecamente, mi recomendación es que intentes abandonar ese trabajo. Es muy duro y quizás una locura decir esto en la situación actual de crisis y desesperación económica que asola todo el país. Pero no te estoy pidiendo que abandones de un día para otro tu trabajo, sino que mientras lo conservas te muevas activamente y trates de encontrar algo mejor, o incluso que te plantees la posibilidad de montar tu propia empresa.

Desde luego todo esto es válido si sientes en tu interior, en el fondo de tu alma, que no estás dando lo mejor de ti como diseñador y que te gustaría trabajar de otra forma, realizar diseños mejores, o sencillamente si te avergüenzas a veces del trabajo que realizas.

Habrá otros muchísimos casos en los que este tipo de diseñadores ubicados en estos entornos negativos poco apropiados -creativamente hablando-, se encuentren cómodos y no tengan ninguna necesidad de mejorar; este tipo de diseñadores se conforman con ganar el sueldo a final de mes y no pretenden hacer productos mejores ni superarse a sí mismos. En ese caso, si te encuentras en este último grupo de diseñadores que están a gusto realizando sus diseños por motivación extrínseca con el fin último y único de ganar un dinero a final de mes, entonces es que eres un diseñador mediocre. Y no te voy a criticar por ello, porque también es necesario que haya diseñadores mediocres para distinguirlos de los verdaderos diseñadores que sí hacen grandes productos y que dedican su vida a buscar la excelencia.

Así que ya sabes lo importante que es que diagnostiques la salud creativa del entorno en el que trabajas, y tomes una decisión al respecto. Si eres un diseñador auténtico, harás lo que sea por encontrar la motivación intrínseca y la satisfacción por todo aquello que produces cada día.

Aïssa López
11 de Abril de 2014

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Cuando el diseñador alcanza la excelencia

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El diseñador tiene usuarios. El artista, espectadores; pero ambos son consumidores.

El diseñador es un manipulador de emociones. El artista también lo es.

El diseñador manipula conscientemente. El artista, sin embargo, guiado por el corazón.

Pero ambos moldean las emociones del consumidor.

El diseñador manipula para comunicar un mensaje publicitario, y vender un producto.

El artista manipula por vocación y de forma innata, para compartir un trocito íntimo de una visión personal, y no pretende vender nada.

A veces los diseñadores tratan de convertir obras de arte en objetos de diseño. La mayoría de las veces, fracasan en el proceso.

Pero cuando lo consiguen, asistimos al nacimiento de algo que marca un antes y un después: es cuando presenciamos la intersección entre arte y ciencia, entre corazón y mente, y el resultado puede llegar a ser tan excepcional que incluso arañe las capas cognitivas de los consumidores.

Y entonces es cuando nosotros, los consumidores, dejamos de ser usuarios y espectadores, y pasamos a ser seguidores y fans de esos creadores.

Y entonces, sólo entonces, es cuando podemos decir que se ha alcanzado la excelencia, y que se ha hecho una mella en el universo.

Aïssa López
09 de Abril de 2014

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