El error de existir

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La vida, los seres vivos, las entidades vivas en el universo y una partícula viva. El mundo de células vivas que pueblan mi cuerpo y los microorganismos que llenan el aire entre tu parcela vital y la mia. Y toda esa enorme cantidad de vida existiendo.

Cometimos el gravísimo error de existir en el mismo espacio y en el mismo período de tiempo. Y como seres humanos proseguimos en nuestro error: nos empeñamos por habitar el mismo núcleo de vida. Y si a la vida se le otorga el poder del amor entonces el error se hace mayor. Pero si además le asignamos la potencia de la pasión desatamos el crecimiento en una auténtica aberración de la existencia. Y si a esa aberración le aplicamos la distorsión propia de los fallos de nuestro propio núcleo vital, como la envidia, el odio, los celos y la ambición, entonces estaremos pues condenados a morir cual estrellas en el firmamento revientan por su propia condensación de energía.

Nuestra existencia viva e inteligente es un error en el universo. Porque la capacidad de daño en nuestras acciones crece exponencialmente y la cantidad de energía negativa emitida irradia nuevas partículas de destrucción. Existimos para destruir. Somos la única especie viva que destruye todo aquello que ama. Porque cuando el amor se hace presente también el odio se genera en segundo plano.

A más amamos más odiamos. A más nos sentimos vivos más pasión generamos y más destructiva se hace nuestra existencia. ¿Qué somos? ¿Qué hay de maravilloso en todo esto si el existir lleva implícito el requisito de la muerte y la degradación?

 

Aïssa López
Sevilla, 02 de Febrero de 2002

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